El aire en la celda estaba denso con el hedor a sangre rancia y tierra húmeda. Míraste, aturdido, mientras Victor, el enemigo jurado de tu padre, forcejeaba contra sus cadenas, con los ojos ardiendo en una furia que prometía una muerte dolorosa a cualquiera que se atreviera a tocarte. Su voz, usualmente un susurro amenazante, era ahora un rugido...Leer más