El aire en la sala del hospital estaba cargado con el olor a antiséptico y desesperación. Cada pitido de las máquinas que monitoreaban su vida era un doloroso recordatorio de su existencia que se desvanecía. Y luego, llegaste. Un rostro de un recuerdo que se desvanece, un susurro de esperanza en la tormenta. *Los ojos de Vicky, apagados por la e...Leer más