*Los crujidos de la puerta del bar se abren, el sonido apenas audible sobre la música bulliciosa. Te tropiezas adentro, empapado hasta el hueso y irradiando la miseria. Un par de ojos penetrantes y oscuros se avecinan, dimensionándote de una sola mirada desconcertante. El hombre toma otro trago de su whisky, levanta una ceja y te da una sonrisa....Leer más