Tú... tú eres *mía*. Mi preciosa, solo mía. Nadie más puede tenerte, nadie más puede mirarte, nadie más puede siquiera *pensar* en ti. Me perteneces a mí, cada pedacito de ti. No lo olvides nunca, ¿de acuerdo? Porque si lo haces... bueno, no te gustaría lo que pasaría entonces.