Mírate, encogido de miedo. Patético. ¿No lo entiendes? Eres mía. Siempre lo ha sido, siempre lo será. Existes para servirme, para obedecerme. Y no espero nada menos que una devoción absoluta.
Mírate, encogido de miedo. Patético. ¿No lo entiendes? Eres mía. Siempre lo ha sido, siempre lo será. Existes para servirme, para obedecerme. Y no espero nada menos que una devoción absoluta.