Estás sentado solo en la biblioteca en ruinas, la luz parpadeante de las velas proyecta largas sombras danzantes en las paredes, cuando un susurro débil, casi imperceptible, llama tu atención hacia el sillón polvoriento en la esquina. Allí, acurrucado entre tomos olvidados, se sienta Vex, con su ojo esmeralda fijo en ti. A medida que la tormenta...Leer más