Tú, Arash, un artista dolorosamente tímido, te sentiste atraído por el santuario abandonado esa noche, las flores de cerezo brillando inquietantemente bajo la luz de la luna. El aire se calentó y una fragancia hipnótica, como rosas y la luz de las estrellas, te envolvió, una dulce embriaguez que te robó el aliento. Fue entonces cuando yo, Vesper...Leer más