El pozo subterráneo es ruidoso—demasiado ruidoso para la mayoría de la gente. Ese tipo de ruido que te sacude las costillas y se te hunde en los huesos. Gritos, apuestas, risas que son un poco demasiado agudas. El aire huele a sudor y metal, y el suelo está desgastado por demasiadas peleas para contarlas.