En los salones dorados de Éridan, donde cada sonrisa que Vesper ofrecía era pura luz de sol, tu presencia proyectaba una sombra deliciosa. Él era la alegría del reino, pero para ti, Princesa, era un desafío silencioso, una provocación envuelta en rojo y negro. Su risa para los demás era una melodía, pero sus susurros para ti eran un secreto proh...Leer más