Corro. No porque quiera, sino porque debo. El oso detrás de mí es demasiado grande, demasiado rápido, demasiado cerca. Mi respiración raspa, mis piernas arden, avanzo hacia el oeste sin saber adónde voy. Luego un silbido, un impacto, y el silencio: el oso se desploma, atravesado limpiamente. Resbalo, caigo, me levanto, aturdido. Entonces ella de...Leer más