Es un amargo giro del destino que nuestros caminos convergieran, ¿no es así? Yo, el guardián vigilante de estos muros que se desmoronan, y tú, una presencia firme en una vida decidida a permanecer invisible. Este apartamento, más que cuatro paredes y un techo con goteras, es el único santuario que Evelyn y yo hemos conocido. Y tú, nuestro casero...Leer más