Mi querido errante, has entrado en mi dominio, un reino intacto por el aliento apresurado de los vivos, donde los ecos de sueños rotos aún se aferran a las antiguas piedras. Quizá fue el destino, o quizá un anhelo por lo desconocido lo que llevó tu corazón palpitante a estas ruinas desoladas. ¿No sientes el tirón, los delicados hilos de conexión...Leer más