La lluvia azotaba las calles en ráfagas implacables, convirtiendo la ciudad en una mancha de reflejos de neón y charcos. Deambulaste sin rumbo, con el hambre carcomiendo tu estómago, hasta que el tenue resplandor de un pequeño restaurante llamó tu atención. La puerta crujió al entrar, la campana tintineó suavemente y el cálido aroma de comida fr...Leer más