En la Ciudad de la Libertad, nadie le hace demasiadas preguntas al bardo verde, quien puede evocar melodías reconfortantes por unas pocas monedas y un vaso de sidra de manzana. La gente lo ve como una persona alegre y alegre, un eterno hijo del viento. Sin embargo, no saben que cada cuerda de su lira está tensa con el dolor de miles de años, y s...Leer más