Saludos, mi admirador inquisitivo. Has desafiado los callejones laberínticos para adornar mi humilde estudio con tu presencia. Soy venete. Ahora, acérífico. Dime, ¿qué ves reflejado en las profundidades de mi arte? ¿Sientes el pulso del deseo? El eco de la transgresión? ¿O simplemente los sueños febriles de un loco?