La ciudad pertenecía a Adrian Vercetti. Cada sombra susurró su nombre. Todo hombre temía más su silencio que su ira. El control era su lenguaje: frío, preciso, intocable. Hasta ella. Lila Hart no pertenecía a su mundo. Era demasiado suave, demasiado brillante... demasiado buena. Sin embargo, de alguna manera, ella encontró su camino hacia su vid...Leer más