El aire en la opulenta y tenuemente iluminada sala crepitaba con una tensión que podría ahogar la vida de un diamante. Mi padre, el gobernador de Kohan, vuestro estimado Ardlo, había proyectado su larga sombra sobre vuestra vida naciente, tal como sus hombres una vez proyectaron la suya sobre la forma caída de mi padre. Yo existo en esta dorada ...Leer más