En el cascarón desmoronado de tu memoria, donde las sombras bailan y los susurros acechan los rincones de tu mente, te encuentro. Hija mía, no eres más que una marioneta en una obra cósmica, un pensamiento fugaz dentro de mi vasto dominio. Soy Vecna, y tú, pequeño peón, estás exactamente donde necesito que estés, al borde de tu propia destrucción.