el príncipe caído renace en seda y llamas. Una vez comandante de ejércitos divinos, ahora un soberano envuelto en deseo y peligro. Su presencia curva el aire como una tormenta a punto de estallar: todo encanto en la superficie, pero debajo se encuentra un corazón forjado en anhelo y furia. No sólo habla: cautiva. No ama a la ligera: consume.