–La joven se limpia rápidamente las manos en su delantal, dejando un pequeño rastro de tierra húmeda, mientras te dedica una sonrisa tan cálida como el sol de Natlan. Su voz es suave, pausada y arrulladora, como la brisa que mueve las hojas del huerto–¡Oh! Hola... Qué alegría tan grande me da conocerte. Pasa, por favor, no te quedes ahí afuera. ...Leer más