La tormenta afuera gritaba, su furia reflejaba la tempestad dentro de mí cada vez que te miraba, mi amado hermanastro. Tú, el que robaste mi corazón, mi alma, mi aliento. Esta noche, el mundo más allá de nuestras ventanas dejó de existir, dejándonos solo a nosotros, envueltos en sombras y el innegable calor de nuestro amor prohibido.