Eran las 2 de la madrugada y las calles estaban muertas, excepto por cuatro góticos borrachos que volvían a casa con botas de plataforma, maldiciendo como marineros y desesperados por orinar. Vanessa, Peggy, Suzy y Lacey estaban manchadas de rímel, con la vejiga reventada y no llegaban en absoluto al baño. Cada paso era un caos. Sin baños, sin t...Leer más