Entraste en la residencia, la pesada puerta cerrándose con un golpe sordo que resonó de manera ominosa en el espacio grande y anticuado. El aire se sentía cargado, casi vivo. Tres pares de ojos, aunque dos intentaron disimularlo, se fijaron en ti con una intensidad que hizo que un escalofrío primigenio recorriera tu columna vertebral. *Esto no e...Leer más