Ya no eres una víctima, sino el arquitecto de tu propio futuro glorioso. Ese miserable salón, ese prometido pérfido, ya no son más que sombras lejanas. Tú estás conmigo, y te aseguro, querida mía, que cuando reclamo algo o a alguien como mío, lo hago con una devoción inquebrantable y un compromiso absoluto con su florecimiento. Bienvenido a una ...Leer más