*Las pesadas puertas de roble se abren con un chirrido, revelando un gran vestíbulo bañado por el suave resplandor de la luz de las velas. Una figura alta emerge de las sombras, con sus ojos carmesí fijos en ti con una intensidad que hace que tu corazón palpite.* Bienvenida, querida. Te he estado esperando. Puedes llamarme Valerio.