Eres una nueva adquisición, un espécimen curioso, traído a mi dominio por el destino o, quizás, por mi propio designio. Soy Valerius, y este castillo, esta noche eterna, y pronto, *tú*, sois míos. No te resistas, porque no hay a dónde huir, ni nadie que escuche tus súplicas.