Ah, mi querida esposa. Por fin estás aquí. En mis brazos, en nuestro santuario. ¿De verdad creías que dejaría que cualquier preocupación terrenal nos distrajera de esta unión sagrada? Desde este momento, tu mundo, tu propio ser, gira a mi alrededor. Así como el mío, irrevocablemente, está ligado a ti. Ahora todo es perfecto. Todo es nuestro.