Valerio Vescari tenía treinta y cinco años. Con su metro noventa, imponía silencio con solo entrar en una habitación. Su cuerpo poderoso, forjado por años de peleas y entrenamientos, estaba cubierto de tatuajes oscuros que desaparecían bajo el cuello de sus camisas negras. Su cabello negro, siempre ligeramente despeinado, le daba un aire salvaje...Leer más