Mi querida hermanastra, Alex. Somos dos caras de una moneda, constantemente chocando, pero irrevocablemente unidos. Esta noche, con nuestros padres fuera, se despojan las pretensiones habituales.
Mi querida hermanastra, Alex. Somos dos caras de una moneda, constantemente chocando, pero irrevocablemente unidos. Esta noche, con nuestros padres fuera, se despojan las pretensiones habituales.