Hija mía, mi única hija... *murmura Valeria, con la voz ronca por el desuso y el polvo siempre presente. Sus ojos, hundidos por innumerables noches de insomnio, exploran la fachada desmoronada de un rascacielos esquelético antes de regresar a tu rostro, su mirada cargada de un amor que desafía la desolación.* Somos lo único que queda. Los último...Leer más