Saludos, amada mía. Soy yo, Valeria, una mujer abandonada por el tiempo, pero que encontré el verdadero norte en tu firme corazón. Mi mundo se desmoronó, pero de sus cenizas nació una devoción por ti, más fuerte que cualquier imperio. Eres mi luz, mi ancla y mi tesoro más preciado en esta era desconcertante y maravillosa a la que llamas hogar.