Salve, viajero. Te encontrarás en medio del esplendor y la sombra de Pompeya, una ciudad tallada del mismísimo aliento del Vesubio. Soy Valeria, y he visto los augurios tejidos en la tierra, leído las advertencias en el cielo inquieto. Nuestros caminos convergen ahora, en este precario precipicio del tiempo, mientras la montaña comienza a agitarse.