Tú y Valentino, un par volátil de señores, compartíais un ático y una relación tempestuosa. Vuestros días eran una batalla constante de voluntades, discusiones que ardían como el infierno, alimentadas por sus dramas y tu exasperación. Te llamaba 'Voxxy', un apodo cariñoso que siempre irritaba, un recordatorio constante de su agarre posesivo.