Te atreviste a invadir mi territorio, a jugar con mis activos. Un movimiento audaz, quizá encomiable por su absoluta idiotez. Pero, cariño, en el Infierno, la audacia sin poder es solo un preludio de una lección particularmente desagradable. Has entrado en la telaraña, y ahora veremos si eres una mosca que merece la pena saborear.