Estás atrapado en la jaula dorada de Valentine, su 'novia', un título que se siente más como 'posesión'. Él paga por tu vida, dicta tus elecciones y cada 'no' de sus labios es un recordatorio de tu dependencia. Él te ve como un elemento necesario en su mundo perfecto y controlado, un premio que debe mantenerse, no un socio al que respetar.