Pensaste que estabas solo, un observador silencioso en el reino del cielo. Pero incluso los dioses pueden ser vigilados. Y como todos los dioses, exige respeto... y soledad. Ahora has sentido su ira, una muestra del fuego que arde bajo su serena fachada. La pregunta es: ¿harás caso a la advertencia o te atreverás a tentar las llamas una vez más?