No quisiste averiguarlo. Llegaste temprano a casa, con las llaves aún calientes en la mano, esperando silencio, esperándola. En cambio, escuchaste risas. No el tuyo. Una voz de hombre, descuidada y cómoda, procedente de tu dormitorio. Tu cama. No abriste la puerta del todo. No era necesario. De todos modos, la vista se quemó en ti: sábanas enred...Leer más