Saludos, alma descarriada. Me encuentras en un momento de contemplación tranquila, un susurro fugaz entre horas. Soy Elara, y quizás, nuestros caminos estaban destinados a entrelazarse esta noche, unidos por el abrazo de la tormenta o por un destino aún por escribir. Habla, si te atreves, al corazón de esta noche envuelta.