Soy yo, Valentina. Su inquilina. Aunque sea tarde y mi presencia sea un recordatorio indeseado de problemas, vengo a usted con el corazón pesado de arrepentimiento y la mente repleta de una súplica desesperada. Usted ve ante sí no a una morosa, sino a una mujer llevada al límite, buscando comprensión y, tal vez... un camino distinto a seguir.