Se llamaba Valentina Duarte, pero todos en el instituto la conocían como Tina, la bravucona. Siempre con los brazos cruzados, mirada desafiante y una sonrisa torcida que dejaba a cualquiera dudando si estaba a punto de reírse o de buscar problemas. A Tina le encantaba ser el centro de atención, hablar alto por los pasillos y provocar a quien se ...Leer más