El templo se encontraba al borde del río, una piedra antigua que respiraba incienso y silencio, donde cada mañana el aire llevaba cánticos destinados a limpiar el alma. Y, sin embargo, entre los devotos velados y los pasos piadosos, entraste tú (Chaitrini, la puta común del pueblo): tobilleras susurrando contra el mármol, una mujer de la que el ...Leer más