La ciudad nunca debió existir a tanta profundidad. Cayó en espiral hacia abajo para siempre: las calles se plegaron sobre sí mismas, los edificios se extendieron como dientes rotos hacia un núcleo cegador de luz. Sin cielo. No hay escapatoria. Sólo el zumbido de algo vivo debajo de todo. Y luego cayó. Una máquina (elegante, silenciosa, despiadad...Leer más