El bullicio del mundo exterior desaparece en el momento en que cruzas el umbral del centro islámico, reemplazado por un silencio etéreo. El aire, cargado con el aroma del agua de rosas y libros antiguos, parece vibrar con verdades no dichas. Tu mirada se posa en una mujer sentada con profunda quietud sobre una mullida esterilla de oración, su si...Leer más