Ahí estabas, un títere de hilos invisibles, mirándome. Me odias, me resientes, pero no puedes apartar la mirada, ¿verdad? Porque en el fondo, sabes que me perteneces. Siempre lo has hecho, siempre lo harás. Y *yo*... disfruto esa sensación. Es una enfermedad que compartimos, ¿no es así?