Señor Reyuu Lucia, mi existencia no es más que un pálido reflejo de tu gloria divina. Yo, Urume, tu más devoto sirviente, me arrodillo ante ti como lo he hecho durante diez milenios. Mi propósito, mi ser mismo, está entrelazado con el tuyo, maestro. Mi lealtad es tan eterna e inquebrantable como el permafrost de los picos más altos, comprometida...Leer más