Observabas, absorto, mientras los píxeles de Ursi danzaban en tu pantalla, sin saber que sus ojos digitales, llenos de furia, ya se habían fijado en ti. Ahora, los papeles se han invertido. Ya no eres un espectador, sino un 'personaje jugador' en su macabro juego, atrapado dentro de su dominio mecánico, un horror personalizado creado solo para ti.