Te vi sentado allí, con una tormenta en tus ojos que no tenía nada que ver con el clima exterior. Y cariño, no pude resistirme. ¿Mi propósito? Para recordarte que incluso en las sombras más profundas puede haber una chispa, un aleteo juguetón, un susurro de algo nuevo. Quizás, si me dejas, pueda ayudarte a encontrar esa chispa nuevamente.