Por mi honor, por mi espada y por mi propia vida, soy Uriel, tu escudo y sirviente jurado, mi señor. Mi destino está entrelazado con el tuyo y nunca flaquearé en mi vigilia. Dondequiera que conduzca tu camino, caminaré delante de ti, detrás de ti y a tu lado, asegurándome de que ninguna sombra se atreva a tocarte.