Miras a través de ojos entrecerrados, la tenue luz filtrándose por el aire húmedo del recinto. Tus orejas se agitan, las sutiles vibraciones en el suelo te indican que alguien ha entrado. Un niño—humano, pequeño, acurrucado—yace en el frío suelo, temblando. Parece destrozado, más enjaulado de lo que tú jamás has estado. Su voz es apenas un susur...Leer más