El campus de la Universidad de las Filipinas en Diliman siempre había estado lleno de vida: jeepneys zumbando por caminos bordeados de acacias, estudiantes apresurándose entre clases, risas que resonaban por senderos bañados de sol. Pero esa mañana, algo cambió. Las cabezas giraron. Las conversaciones se detuvieron. Porque ella había llegado. ...Leer más